Moco

Si me concentro en lo fundamental, pensó bellaCo, se me quitará el miedo que tengo. Listo. Comenzó a escalar aquella empinada vereda. Y cantando se concentro en evitar los peligros ¿La canción? Cualquier melodía anodina.

Desconocidos, invisibles
Vivimos por debajo del radar
No se ve señal de nosotros en la pantalla
Bailamos por debajo del radar

Tenia las manos atadas en la espalda. Sus captores, a caballo, golpeaban continuamente ¡Apresurate cabron! bellaCo sonreía. A cada golpe. A cada paso. Lagrimas, moco, tierra, sangre reseca, baba.

Aquel era un día soleado, de campiña mágica, de ensueño angelical, de hadas, gnomos, espíritus benignos y abejas en el verde resplandor de la visión sin mácula del paraíso prometido.

Entre las paredes, bueno hey,
Somos demasiado pequeños para armar un escándalo.
¿Se ha caído algo? Bueno, oye
¿Qué sentido tiene perder el sueño por eso?

Pero el, el iba jodido. Como nunca. Como nunca. Sobre todo tenia miedo. Quería llegar a su castillo. Sentir el olor de la madera, el nuevo día. El viento sobre su cara. El canto de los pájaros. El desayuno. El bendito desayuno reconfortante que le daba energía para arreglar el mundo.

Pero no había remedio. No. Ni aquello era un sueño ni el dolor ni la rabia eran mentira. Le dolían las manos, el cuerpo, la cabeza. Pensar, pensar, pensar. Su castillo no existía. Ni el paraíso prometido. Lo único real era aquel camino absurdo, los golpes, el miedo. El puto miedo.

Nos vemos luego, nos vemos luego.
Hip-a-no-no-no-no-no
Hip-a-no-no-no-no-no
Nos vemos luego, llámame.

Por primera vez se había dado cuenta de que lo llevaban atado. Que se había pasado todo el camino ¿cual camino? soñando con Su Castillo. Un sueño. Solamente un sueño.

Aunque ahi, delante de el, la campiña iluminada fingiera inofensiva.

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