Necesidades

       

Si tu ves que a alguien le rompen la cara de un puñetazo te asustas. Sobre todo si tienes 7 años. Hoy no me asusto. Me rio que te cagas. Pero antes no. Un día martin le soltó tremendo golpe a su rival en amores que la cabeza del pobre aquel reboto en la pared y luego un chorro de sangre brotó de la nariz del pobre idiota.

A veces pienso que no hay necesidad de padecer semejantes cosas. Uno debería tener la facilidad, la ventaja, de diferenciar entre el bien y el mal, como el puto ese de la biblia que se comió la manzana que le ofrecía la hermosa mujer y destruyo el mundo de todos los días. Entiendo que aquella es una alegoría fácil para explicar las decisiones correctas, la biblia no me interesa, me interesa lo que destruye. O lo que edifica.

Si yo hubiera sido el rival de martin nunca hubiera estado ahi en medio. Estuviera en mi cama calientito. Qué necesidad de andarse exponiendo a semejantes golpes de un puto cabeza vacía. La jodida nariz nunca le volvió a quedar igual al pendejo aquel. martin tenia una fuerza increíble para todo.

Aun conservo el susto. martin ahora es un viejo apestoso, ahi anda, ahi sigue. Del rival aquel no se nada.

¡Hola mundo!

       

Me encanta que me digan lo que tengo que hacer. Es fácil hablar. Sobre todo cuando la facilidad para hacerlo es para ti cosa natural. Ahi vas, desenfadado, eufórico y estridente: “Lo que tu tienes que hacer es ponerte la pilas, dejar de pensar en tus limitaciones y enfocar tus esfuerzos en el objetivo desnudo, en la meta final”.

Ya te voy a dar yo a ti tu meta final, maldito entrometido.

Me voy a quedar aquí sentado, respirando profundamente, imaginando historias absurdas, desenlaces felices, mientras la pared enfrente de mi se metamorfosea y el sol  de media tarde la colorea con detalles delirantes.

Y de lo que tengo que hacer, ya me encargaré mas tarde.